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EL SEXO DEL LENGUAJE
Aún cuando defiendo, en general, la labor de los colectivos de mujeres o feministas, mi irrita profundamente la cruzada que han organizado contra la Real Academia de la Lengua Española (RAE), basándose en el pretexto de que el lenguaje es sexista, debido a ciertas normas que establecen el uso del género masculino para referirse a grupos de composición mixta, o para designar ciertas profesiones o cargos, y pretendiendo, mediante la inclusión de nuevos términos y formas gramaticales, que desaparezcan del todo las pocas ganas de leer que nos quedan.
Que el lenguaje es sexista, lo sabemos todos, pero no es precisamente por los motivos que estas plataformas alegan, sino por el uso coloquial que se le da a ciertos términos, y no hay más que pararse a pensar un poco en las palabras "cojonudo" y "coñazo", refiriéndose la primera a algo magnífico, y a algo pesado o insoportable en el caso de la segunda. De la aplicación machista que el lenguaje ha dado a los órganos sexuales masculinos y femeninos no tiene culpa ninguna la RAE, pues el lenguaje coloquial nace en la calle, y además es algo que todos hemos asumido sin echarnos las manos a la cabeza o escandalizarnos.
No comprendo por tanto a cuento de qué, nos empeñamos a estas alturas en la idea de buscar palabras que nos representen como mujeres. A mí poco me importa si de aquí a unos años voy a ser ingeniero o ingeniera*, y no sentiré discriminación ninguna por el hecho de ser designada por el primero de los dos calificativos. Los que quizás sí se queden un poco perplejos serán los periodistas cuando empiecen a ser denominados perdiodistos*, o los analistas, que pasarán a llamarse analistos*, y así un largo etcétera. ¿O el proceso va a ser sólo unidireccional? Porque eso sí, aquí, o hacemos el canelo todos, o no lo hacemos ninguno.
No obstante, puedo comprender hasta cierto punto que se intente promover el uso del sustantivo neutro a la hora de referirse a ciertos colectivos, es decir, algo así como utilizar la palabra alumnado en lugar de la palabra alumnos. Ahora, lo que no me cabe en la cabeza, es la manía que les ha entrado por utilizar la famosa @ para intentar agrupar de golpe al género masculino y al femenino, o lo que es peor, utilizar un género seguido del otro, hasta el punto de llegar a escribir barbaridades como "los y las personas", como leí un día en ciertos documentos. La formalidad de un texto dice mucho de su escritor, y desde luego, se hace imposible aguantar más de cinco líneas repletas de arrobas y términos repetidos, insoportable, en definitiva (y haciendo uso del más puro machismo), un coñazo.
FE DE "ERRORES"
Debería existir una "fe de erratas" existencial, donde cada uno pudiera dejar la suya, a la vista de todos, demostrando lo estúpido que el ser humano puede llegar a ser.
La mía diría algo tipo: Donde dice "de un tiempo a esta parte" debe decir "porción temporal que jamás ha existido". Así, en letras bien claras y grandes para que todo el mundo pudiera ver lo imbécil que uno es. Y es que los errores son admisibles cuando son producto de una mala elección, pero cuando uno está sobre aviso...¡ah amigo!. Ahí toca joderse y arrepentirse.
Arrepentirse de no haber estado más avispado como para prever que iba a suceder. Arrepentirse de no haberlo evitado, frenado, de haber esperado a que ya no tuviera remedio. Y ese es el problema, cuando no tiene remedio. Es ahí cuando uno intenta, pretende, girar las agujas de reloj hasta volver al principio de los tiempos, al momento en que se empezó a fraguar el error, obviamente sin éxito.
Y al final sólo queda asumirlo, redactar una "fe de errores", esperando que éste no haya sido en vano, que esconda alguna moraleja. Al menos eso espero yo....
CAM con cam
Que no, ¡ joder ! Que cuando los jóvenes pedimos que los gobernantes se impliquen más en los temas de vivienda, no nos estamos refiriendo a eso. Que lo que hay que hacer es impulsar los planes de vivienda joven, la construcción de viviendas de protección oficial (VPO), y las concesiones de alquiler con opción de compra.
De nada me sirve a mí el reciente acuerdo al que han llegado la Comunidad Autónoma de Madrid (CAM) y la caja de ahorros del mediterráneo (cam) -¿¿ lo de CAM-cam está premeditado??- por el que se concederán créditos a jóvenes para la compra de una vivienda con un bajo interés durante los primeros años e interés normal (Euribor) durante los n siguientes. Y digo n, porque resulta que el crédito en cuestión es de hasta 50 años... ¡¡ CINCUENTA AÑOS!!
A ver, calculemos, yo ahora mismo tengo 21, y probablemente hasta dentro de unos 5 ó 6 años no me plantee seriamente lo de comprarme una casa. Eso me pone en unos 25 años. 50 años de hipoteca....vamos, que acabaría de pagarla con casi 80 años, y eso teniendo en cuenta que con la cajetilla diaria que cae, llegue hasta esa edad, o, en caso de que lo consiga, que tenga pensión suficiente (o simplemente pensión) para poder seguir pagándola.
Lo veo venir; el día en que entre por la puerta de un banco para pedir un crédito para mi pisito, y, además de la nómina, me pidan un informe médico con al menos 5 avales que certifique que voy a vivir hasta los noventa años y un contrato por el que me comprometa a tener al menos tres hijos que se puedan hacer cargo de mi hipoteca en caso de accidente. O lo que es peor, que el señor empleado, me reciba con su habitual arrogancia preguntándome ¿tú y cuántos más?
¡ ALÓ PRESIDENTE!

No podemos negarlo, semos* latinos. La verdad es que cuando me enteré de que el presidente de Venezuela, Hugo Chavez, tenía un programa en el que respondía a preguntas de la audiencia, no podía contener la risa. Y claro, mucho menos lo pude hacer cuando me enteré de que aquí, en España, nos íbamos a subir al mismo carro.
No sé muy bien el porqué, pero el caso es que al final acabé viendo un rato el citado programa, en el que supuestamente, Zapatero iba a responder a una serie de preguntas realizadas por un centenar de asistentes. Quizás fue la curiosidad, o a lo mejor la esperanza de ver cómo de una vez por todas, la ciudadanía ponía en la mesa los verdaderos problemas que nos afectan en el día a día. El espectáculo fue penoso.
Por un lado, me pregunto cuáles serían los criterios bajo los que se escogió a los asistentes, pues ninguno de ellos fue verdaderamente crítico, al menos, no en el rato que yo lo estuve viendo.
Lo que podía haber sido el momento de voz del pueblo llano, se convirtió en una ristra de preguntas, a cuál peor planteada, y en su correspondiente ristra de respuestas, a cuál más estúpida y menos aclaratoria.
Haciendo memoria (y no, lo del café de ochenta céntimos no lo vi), me vienen a la cabeza unos cuantos jóvenes preguntando literalmente al presidente que cuándo iban a poder comprarse una casa. Claro, me imagino a Zapatero pensando ‘¿y yo qué cojones sé?'. Así pasó, en su respuesta, al igual que en todas las demás, se fue por los cerros de Úbeda. Hubieran podido preguntar que si el gobierno tenía intención de poner trabas a la especulación, que cómo pensaban fomentar el que se alquilasen las viviendas vacías, que por qué no hay hasta el momento una buena gestión del suelo público o de la compra-venta de VPO...Pero no, la pregunta tuvo que ser que cuándo los nenes se iban a poder comprar una casa.
Otra de las preguntas, fue la realizada por una trabajadora autónoma, que puso de manifiesto la paupérrima idea que la mujer tenía de la situación de los autónomos y de los deberes de éstos para con Hacienda. Claro, ante una pregunta que no es cierta, ¿qué respondes?, pues lo que te da la gana, básicamente.
Vamos, que patético, que no me aportó nada, pues no me explicó ni me aclaró nada, y la culpa no fue solo suya, ya que para preguntar, primero hay que saber qué se quiere preguntar.
