Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2007.
Diario de un fin de semana

Este último fin de semana, lo hemos pasado unos cuantos amigos y yo en mi casa de la urbanización segoviana en la que todo el mundo parece tener su pequeño retiro vacacional.
Unos árboles tardíos en su desarrollo con respecto a los de la ciudad me han obligado a doparme durante todo el fin de semana, eliminando de esta forma cualquier intención que pudiera tener de probar una gota de alcohol. Los demás parecen haber creído que estaba en uno de esos múltiples momentos que suelo tener, en los que me aíslo de todo ser viviente, y me meto en mi burbuja particular evitando que cualquier otro me la pueda pinchar. Pero no, mi actitud durante estos dos días, venía más bien ligada al hecho de tener que soportar en estado sobrio a un grupo de personas que probablemente hubieran reventado cualquier alcoholímetro con solo silbarle.
Es de esperar que harta de conversaciones sin pies ni cabezas, cuya coletilla más repetida solía ser un eructo u otra expulsión de gas fruto de unos esfínteres incontrolados, decidiera terminar la noche bastantes horas antes que el resto.
También es de esperar que me cabree cuando al levantarme me encuentro una silla desmontada, los vasos puestos sobre la mesa de madera, sin mantel ni posavasos para que no se estropee, una depuradora en funcionamiento continuo durante 48 horas, un baño en el que se acaba el papel y no se repone, vasos que se rompen misteriosamente (¿alguien ha conseguido romper un vaso, dejando caer un hielo dentro?), y una cocina que causa nauseas hasta al ser humano más cerdo.
En fin, un fin de semana interesante, pero que me replantearé tener de nuevo en otra ocasión, al menos, hasta que el citado grupo de individuos muestre algo más cuidado y respeto por las cosas ajenas, y no tenga que ir yo por detrás verificando que todo está en orden, porque claro, luego quedo de borde...
Homicidio ¿involuntario?

Imaginad por un momento, un coche haciendo una maniobra como la pintada en azul, en una autovía de dos carriles. Imaginad también que la línea rosa es una moto que se acerca a la azul a gran velocidad. ¿Resultado? Algo parecido a la línea amarilla.
Ahora pensad que la línea azul es una maniobra real que un coche estaba haciendo, y que la moto aproximándose, también lo es. ¿Resultado? Accidente por imprudencia con resultado de muerte.
Y bueno, no sé si describir la actitud de nuestro conductor de imprudente, o de temeraria; ya no solo por saltarse una línea continua en una incorporación, sino por hacerlo transversalmente al trazado de la calle, con la intención de mantener esta orientación hasta cruzar los dos carriles de la vía, y lo que es peor, sin cerciorarse al completo de que no viene nadie por la carretera.
Y éste último, fue sin duda el peor de los errores, porque al mismo tiempo que él cruzaba, un motorista de mediana edad intentaba por lo todos los medios detener su motocicleta antes de chocar contra el coche. No hubo suerte. La moto impactó fuertemente en la puerta derecha trasera del vehículo, girándolo 90º. El coche quedó mirando hacia Madrid, mientras que la carretera era la vía de servicio de la A-1 en sentido Burgos. Sobre cómo quedaron moto y motorista, mejor no hablar.
El accidente ocurrió un par de kilómetros por delante de nosotros. Yo sólo alcancé a ver al coche haciendo un trompo. Cuando llegamos al lugar del siniestro, los dos ocupantes del vehículo salían aturdidos del coche, y el motorista yacía inconsciente en el suelo. Ricardo llamó a emergencias mientras yo colocaba los triángulos, y varios testigos, y vehículos que pasaban paraban con la intención de echar la mano que buenamente pudieran. No obstante no serviría de nada. Un SAMMUR y una UVI-móvil pasarían alrededor de media hora intentando sin suerte reanimar al herido, cuyas lesiones internas provocadas por el fortísimo golpe, habían prácticamente acabado con su vida.
Y prefiero decir que las lesiones acabaron con su vida, a decir que fue un energúmeno al volante el que acabó con él. Uno de esos que no merecen tener el permiso, y cuya manera de conducción pone en peligro la vida de los demás transeúntes, y en ciertas ocasiones acaba con ella. Uno de esos conductores que cree que el código de circulación no es para él, pero que estoy segura de que la próxima vez se lo pensará dos veces antes de hacer otra barbaridad así, aún siendo demasiado tarde.
¿Por qué?

___________________________________________
Porque con Sol de cara no se ve, y de espaldas tampoco.
Ni con lluvia.
Ni con niebla.
Porque caminos arbolados provocan contraluces que ocultan los coches.
Porque en el amanecer apenas hay luz.
Porque en el atardecer tampoco la hay.
Porque en los cruces se ve muy mal.
Porque los retrovisores engañan.
Porque no es cierto que se consume demasiada energía.
Porque tampoco lo es que deslumbren.
Porque evitan accidentes.
Porque no sólo sirven para ver, sino también para ser vistos,
LUCES 24 horas
